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Pepe López

Es periodista y trabaja en el diario Informacion

 

sobre este blog

Los hechos y la actualidad diaria nos desbordan y nos dejan perplejos, nos asustan, tanto que, a veces, parecemos náufragos de esperanza y sin saber qué hacer ni para dónde mirar. Esta ventana virtual pretende ser un pequeño punto de anclaje en ese infinito paisaje digital, el lugar desde donde uno mira y analiza algunas de estas situaciones, una invitación explícita a la ironía, al diálogo y a la crítica

 

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Al fondo a la izquierda

 

Publicado: 3/04/2012

Leire Pajín y Ximo Puig rodeados de fotógrafos y militantes durante la celebración del XII congreso del PSPV. Foto JOSE NAVARRO

¿Alguien del PSPV ha calculado el efecto y las consecuencias de colocar a Leire Pajín de número dos del partido en la Comunidad Valenciana? ¿Alguien en ese partido ha pensado en la imagen y mensaje que ello traslada a la sociedad y a sus potenciales votantes? Se supone que lo han calculado y que por eso mismo han decidido lo que han decidido. Se supone. Pero también podría ser que no sean conscientes del riesgo y el alcance de esta decisión, lo que sería aún peor. Ya se sabe que la inconsciencia es muy atrevida. Y en política, más si cabe.

Por razones que ni siquiera son imputables a la gestión realizada por la actual diputada socialista por Alicante Leire Pajín en su largo rosario de importantes responsabilidades públicas (senadora, exdirectora general, ex ministra...) y partidarias (exsecretaria de organización del PSOE...), y siempre a la sombra del expresidente del Gobierno y exsecretario general de este partido, José Luis Rodríguez Zapatero, es posible que esta sea una de las responsables políticas de aquel gobierno que a día de hoy estén más quemadas. Tanto es así que no parece arriesgado afirmar que es muy probable que esta dirigente socialista sea una de las más cuestionadas por la ciudadanía, incluido aquí votantes de su propio partido, por esa cosa tan intangible que se llama opinión pública y que en tantas ocasiones marca la agenda política de los partidos y de los gobiernos, pero que en este caso no ha parecido contar para nada a la hora de aupar a esta militante al cargo de número dos en el escalafón del nuevo escaparate de los socialistas valencianos.

Todo esto, suponemos, lo saben bien en su propio partido. Como es de creer que la propia afectada y su círculo más íntimo sean conscientes de ello. Otra cosa sería tanto como aceptar que unos y otros viven alejados de la realidad de esta tierra, que es otra posibilidad y que no se debería descartar así como así. Comprobar que la ya vicesecretaria del PSPV no cuenta con el aprecio político de un número importante de ciudadanos de esta comunidad en momentos como los actuales, y que ella personifica aquí más que nadie el fracaso de aquel gobierno a los ojos de esta misma ciudadanía, es tan fácilmente comprobable como poner oído un poco más allá del grupo de aduladores que siempre estarán dispuestos a alagarle a uno(a) hagas lo que hagas y digas lo que digas. Esto es tan evidente como lo es que esta repulsa de la calle pueda obedecer en parte a razones difícilmente explicables, que incluso, y como decíamos antes, en poco o en nada puedan tener que ver con su propia gestión. Pero el hecho es que ocurre y que su partido debería ser el primer interesado en saberlo y en actuar en consecuencia si se tienen en alguna estima y si tienen en estima a la propia afectada. Pero, visto lo visto, parece claro que no ha sido así, ni en un caso ni en el otro. Es, claro, su responsabilidad.

Bien es cierto que el nuevo líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig, tenía todo el derecho a hacer su ejecutiva, a nombrar al equipo con el que quiere recuperar y cambiar esa imagen de años de derrotas encadenadas a cual más sonrojante, de ostracismo, de bandazos, de desconexión con las preocupaciones de la calle, de incapacidad para colocar su agenda política entre las preocupaciones de una mayoría de estos mismos ciudadanos a los que dicen dirigirse, y que en esta línea de trabajo si ha incluido como número dos y como referente central a la exministra de Sanidad lo ha hecho porque ha querido.

Seguramente no será menos cierto también que esto en parte es el precio de su liderazgo, cosido en un sinfín de pactos y cuyo eje central era, o lo ha parecido, descabalgar al anterior secretario, Jorge Alarte, pero sin que a día de hoy se sepa muy bien cuáles eran los puntos de concordancia y discrepancia con aquel. Y por esto mismo es posible deducir que este, el cargo de Leire Pajín, era una de esas condiciones envenenadas a las que ni pudo ni supo decir que no. Pero una vez tomada la decisión sólo él, como decíamos, es el responsable, y será él a quien los ciudadanos tendrán que pedirle explicaciones si así lo consideran oportuno.

Pero consecuencia de lo anterior puede que desde ahora el problema de Ximo Puig no vaya a ser solo su capacidad para romper con el pasado tan negro y la anemia de su propio partido, que lo va a ser, si no que también puede empezar a serlo la sombra alargada de quien lo ha sido casi todo en su partido y cuya credibilidad y aprecio ciudadano desde la vertiente política descendía con cada nuevo cargo que ocupaba. Puede que estas palabras sean duras, pero también es cierto que hay veces y situaciones, tal como sucede con los buzos tras sus inmersiones marinas, que es conveniente darse un periodo de descompresión para volver a poder respirar sin ayuda y sin riesgo para la salud, en este caso política. En definitiva, a respirar el aire que respiran el común de los ciudadanos.

Y muchos son los elementos que hacen pensar que ese aire no pasaba ahora precisamente porque la exministra encontrara acomodo en lugar tan ilustre en esta ejecutiva de Ximo Puig. Es la opinión del que suscribe estas palabras, pero seguramente también el parecer de muchos más. Y es desde este ámbito desde el que uno se atreve a plantearse si la inclusión de esta militante socialista como vicecretaria del PSPV puede acabar siendo para su flamante líder, Ximo Puig, más un problema que una solución. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 1/04/2012

La escena es la siguiente. Ayer me dirigí junto a un familiar a una farmacia donde solemos adquirir la mayoría de los medicamentos que necesitamos en casa. Le presentamos tres recetas de la Seguridad Social a la empleada de la oficina de farmacia con diferentes fármacos, todos ellos conocidos y muy consumidos. Y cuando nos hizo entrega de uno de ellos vimos que era una caja distinta a la habitual, que no nos parecía un genérico, tal y como estábamos acostumbrados en los últimos meses. Ante nuestra extrañeza la empleada de farmacia nos dijo que, efectivamente, no era un genérico, que había cogido el primero que había visto de ese mismo tipo en el estante de medicamentos, todo ello como quitándole importancia, y ¡oh, sorpresa! que valía lo mismo que el genérico al que estábamos acostumbrados, por lo que nos lo podíamos llevar con toda tranquilidad.

Ante nuestro asombro siguieron las explicaciones. “No, si esto es normal -nos vino a decir- la mayoría de los fármacos están bajando sus precios para equipararse con los genéricos”. Es más, nos dio toda clase de detalles sobre el curioso fenómeno de caídas súbitas y nos informó de que cada semana llegaba a la farmacia un listado muy amplio con bajadas de precios de los fármacos de toda la vida.

A tenor de la escena anterior me hice varias preguntas. ¿Nos han estado robando las farmacéuticas durante años y años cobrando precios desorbitados por estos mismos medicamentos que hoy nos están vendiendo a precios muy inferiores? ¿Existe la libre competencia en este sector o se ha actuado y se sigue actuando como auténticos lobbys a la hora de fijar precios a los estados, comunidades, particulares, etc.? ¿Por qué una decisión tan sencilla como esta de obligar a recetar genéricos no se tomó mucho antes en este país y se habría reducido así la factura farmacéutica de forma considerable evitando tanto despilfarro? ¿Había intereses espurios que lo impedían cuando esto era una práctica habitual en otros países? ¿Quién nos dice que los precios actuales son razonables y que, otra vez, no hay razones que van más allá del coste y beneficio empresarial lógico en esta nueva política de precios?

Ya sé, ya sé que el tema no pasa de ser una anécdota, pero no lo parece tanto si lo enmarcamos dentro del debate político y ciudadano del copago en Sanidad ya inaugurado en Cataluña y que, me temo, se va a generalizar más pronto que tarde en todo el país. Seguramente esto es solo la punta de un iceberg sobre los verdaderos costes de los medicamentos, sobre el robo legal que durante años hemos venido consintiendo por parte de las farmacéuticas en este país, pero que deja muy al descubierto que los intereses privados en términos de auténtico expolio que sufren muchos estados por parte de estas empresas han ido de la mano de cómplices necesarios en la esfera política.

Y en este sentido es muy probable también que muchos de quienes intentan convencernos hoy de que este país no puede sostener el sistema público de sanidad por su elevada factura, tengan mucho que ver con estos mismos intereses inconfesables y maneras de proceder. Se niegan a buscar soluciones que, a buen seguro, las hay para reducir y/o hacer sostenible el coste de la factura de la sanidad pública porque lo suyo es seguir haciendo negocio con nuestra salud, bien privatizando servicios, bien practicando y consintiendo políticas que impidan unos precios más justos.

Al fin y al cabo es lo mismo que siempre han hecho las farmacéuticas con los medicamentos al cobrarnos unos precios muy por encima de su valor real de mercado como parece ha ocurrido. La pequeña historia que ayer nos contaba sin casi proponérselo nuestra farmacéutica de toda la vida es una prueba de que esto ha podido ser así. Pero, seguramente, esta misma circunstancia podría ser extensiva a otros muchos apartados y servicios de la factura sanitaria de este país que algunos sueñan con ver privatizada total o parcialmente porque su preocupación no es, en muchos de estos casos, la salud. Quieren el negocio y además quieren ser ellos los que ponen los precios a pagar. Nada nuevo. Más o menos lo mismo que siempre han hechos las farmacéuticas. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 30/03/2012

Los manifestantes de Alicante pasan por delante de un cartel que parece una metáfora de la realidad: al borde del abismo. Toto JOSE NAVARRO

La pregunta no es si la Huelga General del 29 de marzo de 2012 fue un éxito o un fracaso. Eso ayer jueves fue tema de debate, pero hoy ya no lo es. No debería serlo. Centrar la cuestión en esto tenía fecha de caducidad y ya ha caducado. Lo hizo ayer con el rescoldo de las manifestaciones que recorrieron este país a última hora de la tarde. Lo que hay que decidir y debatir en adelante es otra cuestión mucho más difícil como es gestionar las consecuencias de esta huelga.  
Si Rajoy y los sindicatos no son capaces de superar la guerra de cifras, el eslogan que va del éxito al fracaso de unos y de otros y sin solución de continuidad, y tender puentes por debajo de la mesa, aunque en un principio y en público lo nieguen, va a ser muy difícil pasar página y aprender de ella. Si esto no es posible, entonces el riesgo será que la desafección que se está abriendo paso en este país entre una parte importante de la población con las políticas neoliberales con la excusa de la crisis, y que las masivas manifestaciones de ayer tarde en todo el país pusieron de relieve, pueda acabar convertida en una hoguera cuya gasolina podría acabar quemando cosas que a todos nos importan demasiado.
En la guerra ya se sabe que controlar la información es tan importante como ganar batallas, pero si te quedas solo en esto último puede que acabes ganando la batalla de las cifras y de la propaganda  sin que te des cuenta de que estás perdiendo la guerra de la confianza y, la más importante, la de la calle. Este es el paisaje que puede quedar tras la batalla de ayer: que el Gobierno piense que ha ganado la contienda del 29M pero pueda acabar sucumbiendo, más pronto que tarde, a la gran batalla de la calle. Y contra la opinión mayoritaria de los ciudadanos es muy difícil gobernar en democracia.
Todo esto lo deben saber sindicatos y Gobierno y bien que se empeñaron ayer en hacernos creer lo que ellos no creían. A la exageración de las cifras facilitadas a lo largo del día por parte de las organizaciones sindicales convocantes de las protestas (77% de seguimiento para ellos), que no se compadecían con la imagen de cierta normalidad de la mayoría del país, siguió la utilización espuria del gobierno dando una imagen de normalidad («Hoy es un día normal», llegó a decir Rajoy por la mañana) y que tampoco se compadecía en lo más mínimo con la realidad de la protesta.
En la hora del balance el Gobierno optó bajar el diapasón y dejar a una desconocida directora general de Interior, Cristina Díez, para que diera la cara. Díez dijo que la protesta fue moderada “e inferior a anteriores protestas”. Curiosas y lamentables palabras de esta portavoz, como curioso y lamentable fue el burdo intento del Gobienro de intentar hacer de la protesta a lo largo de todo el día un simple acontecimiento de orden público. Pero incluso ahí, en intentar restar trascendencia política a la calle, es seguro que mentía esta portavoz. Y lo sabía. Estábamos en la batalla, no en la guerra. Otra interpretación no cabe.
Si la huelga no fue general, que no lo fue, tampoco fue una protesta menor como el Gobierno quiso hacer ver una y otra vez en su escasas apariciones públicas. No fue, está claro, una huelga general en el sentido más amplio del término, como sí lo fue la del 14D de 1988 contra Felipe González, la primera y la última que puede ser bautizada como tal. Pero es que posiblemente lo que hay que decir y desear es que no la haya nunca más, porque si en las condiciones sociológicas actuales se volviese a dar aquella imagen, ese día este país es muy probable que pudiera estar situado ya al borde del abismo.
Pero, en cambio, sí fue una protesta muy relevante, mayoritaria en muchas zonas de este país, y muy importante en algunos sectores económicos y estratégicos. Y por si cabían dudas ahí están las imágenes más que multitudinarias de las protestas de la tarde, acto donde la empresa, el jefe, el miedo a perder el trabajo es más difícil que actúe de freno, de piquete antihuelga.
No ver esto último, no querer verlo, le puede costar caro, muy caro, al Gobierno y a Rajoy. Le puede hacer ver a muchos ciudadanos lo que muchos denuncian ya, que cada día que pasa es más evidente que estamos ante un gobierno títere, ante un gobierno intervenido, que actúa más como  un grupo sucursalista y a modo de protectorado de la Troika europea.
Consecuencia de lo anterior, Rajoy tiene que decidir si se pone del lado de Merkel o del lado de España. Si no es capaz de encontrar este equilibrio, de hacer ver que el camino diseñado en Bruselas y Berlín es imposible, injusto e inviable, y, por ende, de dar respuestas al clamor masivo que ayer tarde recorrió este país en decenas de protestas, éstas sí, y lo repetimos, históricas, será que no se merece ser presidente de España, que no está a la altura de tan alta responsabilidad. Y, consecuencia de lo anterior, que el claro éxito electoral y el incuestionable y mayoritario apoyo ciudadano que tuvo el 20N puede empezar a escapársele a borbotones como se escurre el agua entre los dedos cuanto intentas atraparla.
Esto último sería malo para él, Rajoy, y para su partido, el PP. Eso seguro. Pero lo grave es que sería también malo, muy malo, para España y para su futuro y para su cohesión social, acaso el más preciado bien a conservar en esta fase de nuestra historia. Es pronto para decirlo, pero no es exagerado vaticinar que una falta de cintura del Gobierno y de Rajoy en esta salvaje Reforma Laboral puede acabar convirtiendo esta situación en una violenta tormenta que empuje la convivencia social hacia terrenos pantanosos.
Precisamente fue esto mismo lo que muchos de los que le votaron esperaban que hiciera Rajoy y que no está haciendo, entre otras cosas porque el actual inquilino de la Moncloa nunca dijo que haría la Reforma Laboral que ha acabado haciendo. La confianza, como el éxito, se puede tardar mucho en conseguir, bien lo sabe él que hizo una travesía del desierto de ocho años hasta alcanzar la alta magistratura del Gobierno. Pero perderla, perderla amigo, se puede perder en un simple error de diagnóstico. Aunque sea solo a la hora de evaluar el alcance real de una huelga y sus resultados como el que nos ocupa. En twitter @plopez58
 

 

 

 

 

 

Publicado: 29/03/2012

La Constitución española actualmente vigente fue aprobada el 31 de octubre de 1978 por las Cortes Generales

 Artículo 28 de la Constitución Española:

2. Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses.

 

 

 

 

 

Publicado: 28/03/2012

El ministro Luis de Guindos, ayer, durante su intervención en la comisión de Economía del Senado. Foto EFE/FERNANDO ALVARADO

A Luis de Guindos no le gusta el derecho a la huelga que recoge la Constitución española de 1978 en su articulo 28, apartado segundo. Al ministro de Economía del gobierno de España le parece que el párrafo del texto constitucional que nos dimos los españoles en referéndum donde se afirma textualmente que «se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses» es un exceso, una antigualla que está hoy en día claramente desfasada. Tan es así que tan honorable miembro del gobierno de Rajoy dijo ayer en una conferencia organizada por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) que es llegada la hora de revisar el derecho allí recogido por el daño que ello -la huelga general- puede suponer para la imagen de nuestro país en una economía globalizada como la actual. Lo dijo y, además, parece que lo piensa seriamente.
En eso, la verdad, no es muy original y coincide con algunos prebostes de la economía española. El jefe del empresariado español y presidente de la CEOE, el cada vez menos moderado Joan Rosell, viene predicando desde hace meses la necesidad de regular el derecho de huelga, que no es exactamente lo mismo que dice el ministro pero persigue los mismos fines: convertir el trabajo en una dádiva graciable desponjándolo de su carácter de derecho (artículo 35 del texto constitucional) y el mundo del trabajo en un escenario cuyos principales personajes sean protagonizados por esclavos y señores.

Y todo ello, claro, en nombre de la Economía que predican ministros como el señor de Guindos, el mismo que en 2006 fue nombrado consejero asesor para Europa de Lehman Brothers y director de la filial del citado banco en España y Portugal, responsabilidad en la que estuvo hasta la quiebra y bancarrota de este banco americano en 2008. Hay que recordar aquí que este hecho fue uno de los desencadenantes económicos centrales que provocaron la crisis financiera que ha acabado convertida en crisis económica. Y hay que recordar también que tales méritos, los del ministro, parece fueron decisivos para que haya recibido el encargo de Rajoy de dirigir la economía de este país, una tierra que, todavía y afortunadamente, no es Lehman Brothers, pero que ya no estamos tan seguros de si en manos de este señor podría acabar siéndolo.
Dicho esto mismo, lo de la huelga, en cualquier otro día y lugar podría ser entendido como una licencia política. Pero dicho y afirmado 24 horas antes de una huelga general como la de mañana 29 de marzo, convocada por los sindicatos contra una reforma laboral sangrante que supone desandar de forma unilateral el camino de las relaciones laborales de este país en algunos de sus puntos a cotas de hace un siglo, este hecho sólo puede ser calificado como una provocación cercana a la violencia intelectual.
Pero esto, claro, no sería nada nuevo. Sería otra cuenta más en el rosario de provocaciones de un gobierno y de unos ministros que parece han entendido que su papel no es el de hacer país, aunar voluntades, moderar comportamientos, crear marcos de colaboración para así poder salir todos juntos de las crisis, sino que creen que lo suyo, y bien que lo ejercen, es hacer de provocadores, de hooligans, de asalta caminos en los vericuetos y escuálidos restos del pacto social que ha hecho de esta tierra un país moderno y más justo.
Mañana jueves, día de la huelga general, ya entrevé uno los titulares de algunos medios periodisticos próximos a la caverna mediática cargando las tintas contra los piquetes informativos de los sindicatos. Esperarán, y si no al tiempo, a que salte la menor de las chispas para enebrar un discurso contra quienes utilizan su legítimo derecho a la huelga y a la información. Eso es fácil imaginarlo con antelación porque siempre ha sido así y como tal fenómeno forma parte del paisaje y el peaje de las huelgas generales que en este país ha habido. Tampoco sería nada nuevo. Lo que no podía imaginarse uno es que un ministro de Economía de un país serio como España hiciera ayer de piquete violento y provocador contra un derecho constitucional que une a todos los españoles. Eso, la verdad, era difícil de esperar.
Y es que llegados aquí, cada vez parecen quedar menos espacios para la sorpresa y la incredulidad. Visto lo visto, lo sorprendente sería que algunos miembros de un Gobierno que algunos se apresuraron a calificar en un principio de moderado, les viéramos haciendo de bomberos y no de pirómanos, tal y como parecen actuar una y otra vez en la hoguera de la crisis y los recortes. Esa violencia verbal, la verdad, era también difícil de creer. Pero ha ocurrido. El ministro De Guindos ha sido con sus lamentables declaraciones de ayer sobre la, según él, necesidad de poner coto al derecho de huelga el violento piquetero que faltaba para incendiar la jornada de huelga. En twitter @plopez58
 
 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/03/2012

Javier Arenas se dirige en la noche electoral a sus seguidores tras su insuficiente triunfo en las elecciones autonómicas de Andalucía

Otra vez las encuestas se han equivocado. La primera victoria del PP en unas elecciones autonómicas en Andalucía va a ser muy probablemente insuficiente para poder gobernar allí, en tanto que la derrota del PSOE aboca a este partido a ponerse en manos de IU para mantenerse en el poder. Nada que ver con el mapa electoral que todas las encuestas vaticinaron. ¿Por qué ha ocurrido esta enmienda a la totalidad de los institutos demoscópicos? Hay y habrá en las próximas horas y días muchos análisis que tratarán de explicar lo inesperado con todo tipo de detalles. A uno, tomados en caliente los resultados electorales se le ocurren estas diez razones:

1. Al candidato del PP, Javier Arenas, no le ha servido la política del “no sé no contesto” que sí le valió a Rajoy en las generales del 20-N. La silla vacía en el debate electoral de Canal Sur le ha caído encima a su candidato y ha podido ser tomada como un gesto de altivez y chulería por los ciudadanos. Aún debe estar arrepintiéndose de ello.

2. Para desgracia del PP Zapatero hace ya casi cuatro meses que dejó de gobernar España. El inquilino de la Moncloa hoy se llama Mariano Rajoy. La estrategia de Griñán de alejar lo más posible las autonómicas de las generales le ha servido al PSOE de tabla de salvación, aunque haya sido rozando la campana.

3. El PP dio el partido por ganado antes de jugarlo porque las encuestas le eran de forma unánime muy favorables, tanto que una parte de sus votantes han preferido quedarse en casa. El PP se ha dejado casi medio millón de votos de noviembre a marzo, más de los que supone la caída de la participación.

4. El programa oculto del PP y el miedo ciudadano a los recortes y a la Reforma Laboral han sido un lastre para Arenas y han movilizado a una parte del voto de izquierdas que en las generales prefirió no votar o hacerlo a la contra de su voto anterior.

5. Los líderes del PP del resto del país han restado más que sumado. En sus gestos siguen mirando a Andalucía por encima del hombro. La recurrente polémica del PER (Plan de Empleo  Rural) traída de nuevo a colación en esta campaña es un ejemplo, pero no el único. Ese sentimiento sigue siendo una losa para el centro derecha en los momentos de inflexión como lo era este. Gran parte de los nueve diputados que ha perdido el PSOE (56 a 47) han reforzado a IU, que ha doblado su representación hasta doce.

6. El voto de las capitales y grandes ciudades en esta ocasión ha sido decisivo… pero para la izquierda. Justo lo contrario a lo que ha venido suponiendo en las últimas citas electorales donde el PP viene arrasando una y otra vez. La suma de votos PSOE-IU así lo demuestra si echamos una mirada a los resultados de ayer en estas ciudades.

7. Una parte de los votantes tradicionales de la izquierda han sentido el vértigo de ver al PP con todo el poder y han votado no solo contra Arenas, sino contra Rajoy y su esbozado plan de recortes sociales y de derechos.

8. El pacto no confesado entre PP y CiU para refundar el estado de las autonomías y acabar con el café para todos, defendido en la sombra por algunos presidentes autonómicos como Cospedal o Aguirre que hablaban abiertamente de devolver competencias al Estado, ha traído a la memoria del pueblo andaluz el lejano referéndum que obligó al Estado y al gobierno de Adolfo Suárez a que esta autonomía pudiese alcanzar las mismas cotas de autonomía que las comunidades históricas de Cataluña y País Vasco. Hay resortes que están en el ADN de los pueblos y este parece que es uno de ellos.

9. El PP ha fiado excesivamente su campaña a las denuncias de corrupción y en los EREs falsos, casi al hilo de las decisiones y portadas periodísticas que dejaban las decisiones de la juez Alaya que investiga el caso. Y todo ello sin dejar claro a los ciudadanos cuál iba a ser su programa de gobierno si lograban la mayoría absoluta tan ansiada. Cada pregunta a su candidato sobre recortes, copago, etc., obtenía de él solo respuestas genéricas y sin compromisos creíbles a los ojos de muchos ciudadanos.

10. El PP ha basado en exceso su esperanza en el desgaste del PSOE y en el lógico cansancio de 30 años de gobierno socialista. Creyó que si el 70% de los ciudadanos optaban claramente por un cambio de gobierno, esto era lo mismo que decir que esperaban y confiaban en la oferta popular como opción de mando. Y esto se ha demostrado que no era exactamente así. Se olvidaron de IU.  En twitter @plopez58  

 

 

 

 

 

Publicado: 21/03/2012

Francisco Camps y Mariano Rajoy durante un mitin del PP en la plaza de toros de Valencia

Podía haber sido más modesto. Podía haber soltado aquel socorrido “estoy aquí, de vuelta, y a disposición de mi partido” como aviso de navegantes. Pero no. Por una vez ha preferido decir lo que piensa, tirar por todo lo alto y lanzar un órdago al afirmar que se encuentra más preparado que nunca para (volver a) ser “presidente del Consell o del Gobierno”. Que tiemble Fabra. Que tiemble Rajoy. Si a este hombre se le pone entre ceja y ceja que lo suyo es regresar a la alta jefatura del Palau de la Generalitat o del mismísimo Palacio de La Moncloa, no es para tomárselo a broma. Yo, al menos, no lo haría.

Ya sé, ya sé que ayer más de uno escuchando el aperitivo de su entrevista a la revista Telva esbozó una sonrisa entre socarrona y medio de compasión pensando aquello de que “este hombre no está en sus...”. Que nadie se confunda. Si antes de estar tan preparado llegó donde llegó e hizo lo que (nos) hizo, ahora con este título de doctor en la mochila en cuestiones electorales, ya podemos ir preparándonos para darle paso, para que acabe su obra inconclusa y para que arregle los pequeños desperfectos que no pudo terminar por cuatro trajes de nada. Es lo que se merece. Sobre todo él.

Si llevando una vida monacal, austera hasta la náusea, ha sido capaz de dejar la comunidad que ha dejado, ahora que, como confiesa en este avance de lo que amenazan ser sus pre-memorias, ha descubierto los placeres del mundo, la cosa se puede poner la mar de interesante. Camps va a volver, como él reconoce, hecho un experto en la Súper Bowl de fútbol americano, que no es cuestión baladí como todo buen hijo de vecino sabe. Además, nos confiesa que ha aprovechado este tiempo para hacerse un experto bebedor de “cerveza después de muchos años sin probarla”, lo cual lo acerca todavía más al común de los mortales. Tan seguro dice estar del proyecto de regreso que nos recuerda que él empezó “ordenando el tráfico y terminé dirigiendo todo el escenario”. Y no cualquier escenario. En eso, creo, estamos de acuerdo.

Tan seguro está, decía, de sí mismo que afirma que su “bagaje es impresionante” y que “no llegué a ministro pero estuve cerca”. Esta es, sin duda, tu oportunidad. Si alguien tiene mano con Rajoy que le llame pronto y rápido. ¿Por qué hemos de ahorrar a España entera el disfrute de un hombre de su altura política y personal, de su capacidad? No podríamos perdonárnoslo y España y los españoles de corazón nos lo echarían siempre en cara. Así que yo, desde este instante me convierto en un activo para impulsar su candidatura. Pero, si es que prefiere quedarse entre nosotros, sin problemas, él verá, no seré yo quien se atreva a contradecirle pues conociéndole como le conocemos sabemos de lo que es capaz.

No obstante, Paco, si me permites que te tutee, como cuando Rajoy y tú toreabais en las mismas plazas, aquí ya nos conocemos demasiado, esto en verdad se te ha quedado pequeño, aquí sólo vas a encontrar a gente desagradecida y una comunidad en los huesos con la que poco vas a poder lucirte. Piénsatelo bien antes. Lo tuyo, no lo dudes, está en la capital del Reino de España. Y si quieres tirar más alto, ahí está Europa, la ONU... Y no dudes que te apoyaremos. Te lo debemos porque todos sabemos de lo que eres capaz. Y más ahora. En twitter @plopez58   

 

 

 

 

 

Publicado: 20/03/2012

Jaume Matas sale de los juzgado de Mallorca tras declarar en uno de los múltiples casos de corrupción de los que está acusado

Esta ha sido la pregunta que me he hecho nada más conocer que el expresidente de Baleares Jaume Matas ha sido condenado a seis años de cárcel por corrupción: ¿Por qué al principal partido de la derecha, a su electorado, a sus votantes, les sienta tan bien que altos responsables de su partido estén implicados y/o condenados en chuscos asuntos de corrupción? Da la impresión de que cuanta más corrupción, presunta o real, se vean envueltos algunos de los muy altos responsables de este partido, mejores resultados electorales saca el PP elección tras elección, más cuota de poder va controlando a lo largo y ancho de este país.

Los hechos son tozudos, la realidad de los números también. Jaume Matas es, de momento, la proa de esta realidad, pero la realidad misma nos dice que su ejemplo no es único. En la Comunidad Valenciana podemos presumir de esto mismo y a cantidades importantes. Otra vez somos avanzadilla. Podemos, sin duda, estar orgullosos de viajar en la cresta de la ola.

Ya sé, ya sé, la respuesta fácil es la de siempre. A la derecha se le da por descontando un grado de corrupción que a los votantes de izquierdas les tira para atrás. Sólo hay que ver lo que sucede en Andalucía, cuyo gobierno el PSOE está a punto de perder por, entre otras razones, un escandaloso caso de corrupción como el de los ERES. Pero hay más, tiene que haber otras causas que lo expliquen. Es posible que la corrupción, que el espíritu del buscavidadas de El Buscón de Quevedo y del Lazarillo de Tormes de Cervantes, de esos personajes que basaban su existencia en la pillería y el engaño, sigan formando parte del ADN de una parte importante de las gentes de este país. Que lo peor del Siglo de Oro siga habitando entre nosotros. La decencia, se diría, no cotiza en bolsa y su contraria es un valor refugio y seguro.

Para aquellos personajes que vivían en el inframundo robar no era pecado, era mera subsistencia. Robar formaba y forma parte del sistema. De modo que traído a nuestros tiempos si se es comprensivo con la corrupción, porque ahora como entonces también forma parte del sistema, es más fácil serlo con uno mismo, con sus pequeñas miserias, con sus licencias. Y sólo empezaría a ser molesto cuando los que lo hacen y practican  no son los tuyos. Entonces sí sería denunciable. Sólo hay que ver lo comprensivos que son algunos periódicos con la corrupción propia y lo beligerantes con la que ellos consideran ajena. La corrupción tiene, definitivamente, color, aunque esto sea otra deleznable manifestación más del propio fenómeno. Esto, el color de la corrupción, sería otra parte de la respuesta a la pregunta del principio.

Jaume Matas es hoy un apestado en el Partido Popular. Eso es cierto. Pero no hace tanto era ejemplo de todo lo mejor de este partido, el adalid de una forma distinta de hacer política, incluso el mismísimo Rajoy llegó a ponerlo como ejemplo para su futuro gobierno. Matas ha sido presidente dos veces de Baleares, ha sido ministro de Medio Ambiente con Aznar y uno de sus miembros más relevantes. Ha sido también, y si nadie me corrige sigue siéndolo a día de hoy, embajador honorífico de la Comunidad Valenciana. Pero también, recordémoslo en el día de su primera condena (quedan una veintena más de casos por juzgar), era heredero de otro presidente del PP de Baleares condenado por corrupto, Gabriel Canyellas (1983-1995), que tuvo que dejar cargo y poder por otro caso de corrupción a cuentas de extrañas comisiones en la construcción de unos túneles cuyas obras acabaron tragándose los dineros buenos y los no tan buenos. De modo que Matas no era nuevo. Venía de donde venía e hizo lo que vio hacían otros. Al fin y al cabo esto formaba parte del sistema que él conoció. Él se limitó a copiar el ejemplo, a seguir la línea marcada. Y durante un tiempo le fue bien, incluso muy bien.

Otro ejemplo. Esperanza Aguirre ha llegado donde ha llegado sentada sobre un caso de corrupción que nunca se investigó de forma clara: el voto de dos tránsfugas socialistas en la jornada de investidura del parlamento madrileño del año 2003, el famoso tamayazo de los diputados socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, que obligó a repetir las elecciones y a dejar al candidato de la izquierda, Rafael Simancas, a los pies de los caballos. Desde aquel año, 2003, Aguirre gobierna Madrid con puño de hierro, pero sus cimientos están llenos de cieno y de sospecha, de podredumbre. Nunca pagó aquella felonía. Y, como bien sabemos, a ella y a su partido le van la mar de bien las cosas de la política.

El mismo Rajoy tiene hoy todo el poder imaginable en este país pese a que su partido está inmerso en el mayor caso de presunta corrupción partidista en periodo democrático. Gürtel no solo no ha quitado votos al PP, le ha dado los que le faltaban. Y es por eso por lo que me pregunto otra vez: ¿Por qué al PP le sienta tan bien la corrupción?

Matas estaba inmerso en toda la investigación judicial cuya primera sentencia (6 años de cárcel) acabamos de conocer cuando su partido ganó por mayoría absoluta en Baleares. Ya sé, ya sé, el actual presidente, José Ramòn Bauzá, lo hizo marcando distancias con Matas, pero aquí en la Comunidad Valenciana el paisaje apesta lo que apesta y la cuota de poder del PP no ha hecho más que crecer conforme aumentaban los casos de corrupción cuya sola mención ya tira para atrás del hedor que desprenden. Más corrupción, más apoyo. O es lo que parece.

O sea que el problema no es la corrupción. Al menos no solo la corrupción institucional. Y eso el PP lo sabe. El problema puede ser que la corrupción ya no sea solo de un partido o de otro, que lo es, que no esté acotada, si no que forme parte del propio sistema, que haya gangrenado un parte de la sociedad civil. Eso explicaría en parte la pregunta del principio y el por qué a algunos les sienta tan bien el fenómeno de la corrupción. Han entendido mejor que nadie el sistema. Y se han adaptado a él. En twitter @plopez58  

 

 

 

 

 

Publicado: 16/03/2012

Hay quien piensa que estómago y religión no son lo mismo. No lo crean. Tienen mucho que ver. Son en muchas ocasiones las dos caras de la misma moneda. Demasiadas veces los podemos ver como aliados, unas veces más interesadas, otras no tanto, pero por dónde ande el uno es posible ver cerca de allí paseando a la otra. Ya lo viene a decir la Biblia: predicar con el estómago lleno es casi garantía de éxito. Si hay hambre, primero te aplicas en saciar el vacío estomacal y así logras que la mente se abra con más facilidad. Hay ideas que te llegan antes por los jugos gastricos que por el entendimento. Cuando ayer oí que los obispos andan revoletenado en las colas del INEM ofreciendo a los sufrientes parados empleo fijo a los que quieran probar y abrazar el sacerdocio, y, eso sí, sin miedo a que te apliquen la Contrarreforma Laboral, enseguida pensé que nadie como la Iglesia para entender los tiempos que estamos y los que vienen. En eso son siempre una avanzadilla. Nada que ver con el Gobierno, ni con los Rajoy, Zapatero de aquí o Mercozy de allí, que sólo nos piden esfuerzos y dolor a cambio de más esfuerzo y de más dolor. Ellos, los curas, nos ofertan empleo, o sea sopa caliente. Ya sé, ya sé, que no es gran cosa, que de sacerdote uno normalmente no se hace rico. Ellos lo reconocen. «No te ofrezco un gran sueldo, pero sí un empleo fijo», recoge el vídeo promocional. Y bien verdad que es. Si uno está necesitado y los jugos estomacales aprietan, no parece mala oferta. Los números así lo testimonian. Después de muchos años con graves problemas para encontrar nuevas vocaciones, con dificultades para atender a su clientela, en el pasado año 2011 se inviritió la tendencia y subió un 4% el número de aspirantes a ocupar un puesto de trabajo en los altares de las muchas parroquias que existen en este país. Y no puede ser casualidad. Siempre ha sido así. En eso creíamos haber cambiado, pero era otro espejismo más. Por eso debe ser también que es casi la única institución que ha aguantado dos mil años de historia. Y ahí sigue, como si tal cosa. Porque el hambre viene y va según los tiempos, pero ellos saben aguantar y esperar su momento. Bien mirado son casi los únicos que permanecen. Y funciona. Cuando uno era crío, el sacerdocio y el seminario tenían una parte de la clientela entre el hambre y la necesidad de aquellas cortijadas donde el trabajo era de sol a sol y la escuela escaseba. Si en el paisaje de necesidades en las que uno empezó a reconocer el mundo había algún crío que despuntaba con el lápiz y con el cuaderno, ahí estaban ellos, los curas de negro, con la negra sotana y su abotonadura hasta los pies, para ofrecerte un futuro como dios manda. Que fuera en el seminario tampoco importaba. Muchos amigos y conocidos de entonces lo hicieron. Sus familias recibieron la solución como una bendición ante ¡tantas bocas a las que alimentar y con tan poco trigo en la cámara! Más o menos como parece que va a empezar a pasar ahora cuando el hambre y la necesidad vuelvan a campar por sus anchas. En eso los obispos sólo hacen que ser fieles a sus principios. Y a su historia. Han sustituido la moderna cola del INEM por el viejo y caduco paisaje de la era, la parva y el pastoreo, pero nada más. Y debe ser también que la fe es más fácil que le llegue a uno si, además, te prometen no solo trabajo fijo, sino eterno. Eso en un tiempo en el que uno se va a la cama sin saber qué pasará el siguiente día no parece poca cosa. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 14/03/2012

El presidente del Consell, Alberto Fabra, al inicio de la reunión que matuvo ayer martes con una representación de los empresarios de Alicante. Foto PILAR CORTÉS

Ya iba siendo era hora. Tras años, muchos, de silencio y compadreo algunos empresarios de la Comunidad Valenciana han empezado a dejarse oír y a levantar su voz contra las nefastas consecuencias que para la imagen de la comunidad está teniendo la corrupción con la que ya casi todos nos relacionan allende las fronteras. Hace unos días lo dejó caer el dueño de Mercadona, Juan Roig, al afirmar que «hemos derrochado mucho y dilapilado muchos recursos en corrupción, subvenciones improductivas, economía sumergida, absentismo laboral...»,  y ayer lo hicieron algunos empresarios de Alicante en las barbas del presidente del Consell, Alberto Fabra, a quien afearon que esta situación les está perjudicando ahora a ellos cuando intentan salir fuera con sus productos y servicios.
Durante años muchos de estos mismos empresarios que ahora se quejan se habían limitado a hacer de palmeros del viaje hacia el desastre, de acompañantes necesarios ante tanta tropelía. Tanto, que no se conoce casi a ninguno de ellos que en los años pasados, cuando éramos, o eso decían, la Arcadia Feliz, se hubiesen atrevido a alzar su voz para denunciar lo que otros estamentos sociales sí denunciaban arriesgando jeta y apellido.
Seguramente de este estado de cosas ha tenido mucho que ver el modelo impuesto por Eduardo Zaplana, el hombre que llevó hasta sus últimos consecuencias la famosa frase atribuida al expresidente socialista en tiempos de González, Alfonso Guerra: «El que semueva no sale en la foto». Y efectivamente, todos, o casi, fueron aplicados y no se movieron para poder salir en la foto, aunque aparecieran allí como simples almas congeladas. Prefirieron ser sumisos y mirar para otro lado cuando vieron, y muchos tuvieron que verlo, que había formas y procedimientos que no eran de recibo en un país que se precie y que se quiera.
Y es que ahora hay que recordar que fueron ellos, casi todos, los que aplaudieron, los que acudieron solícitos a las llamadas de Zaplana y pronto de su sucesor, Francisco Camps, siendo casi siempre estómagos agradecidos, pedigüeños de obra pública, de las subvenciones públicas. Tan es así que algunos imperios económicos se han levantado bajo este paraguas y forma de hacer las cosas,  a base de compadreo y en donde la competencia y la sana competitividad empresarial eran páginas medio arrancadas en el libro del funcionamiento de muchas de las administracioens locales y autonómicas.
De modo que, aunque tarde, bienvenidos a la sociedad civil de donde voluntariamente dimitieron casi todos ellos hace tanto tiempo, mientras otros se jugaban el pellejo denuciando que esa política y esa forma de hacer las cosas conducía al suicidio, lento pero seguro, en el que ya desgraciadamente estamos metidos de hoz y coz.
Una pena que lo hayan hecho justo ahora, cuando el gobierno valenciano ya no tiene casi nada que ofrecerles, solo telarañas en la caja, cuando son meros acreedores de un territorio que hace tiempo olvidó que las compras y servicios tenían precio y había que pagar. Y, sobre todo, lástima que no tuvieran el valor de haberlo denunciado cuando esta era, según hemos podido ver y vamos confirmando casi a diario, la tierra de Ali Babá.
Pero entonces, claro, aquello habría sido como pedirles que hubiesen sido héroes y ejemplo, algo que no parece estar entre sus objetivos prioritarios. Su proceder de entonces los deja relegados al lugar que ocupan ahora, meras comparsas, muchas veces necesarios, cuando no cómplices de tanto estropicio. Muchos desmanes de entonces no habrían sido posibles sin su silencio, ese que ahora están empezando afortunadamente a romper. En twitter @plopez58 
 

 

 

 

 

 

Publicado: 10/03/2012

Habría muchos motivos para decir No a esta Reforma Laboral, a uno se le ocurren estos diez:

1.Porque creo que el futuro de las empresas de este país donde todavía trabajan millones de personas es demasiado importante para dejarlo solo en manos de los empresarios como propone la Reforma Laboral en vigor y en tramitación en el Congreso de los Diputados.
2.Porque creo firmemente que la corresponsabilidad de la parte laboral en las grandes decisiones de una empresa es un camino que se debía explorar, que ayudaría a buscar nuevas vías de futuro y que esta Reforma Laboral arrincona de forma prácticamente definitiva. Otros ya lo hacen y les va mejor.
3.Porque considero que esta RL es un torpedo en la línea de flotación de la paz social que este país ha disfrutado durante los 30 últimos años, y que este activo es más importante para la generación de riqueza y atracción de capital e inversiones extranjeras que los supuestos beneficios que nos anuncian con esta nueva normativa sobre las relaciones en el mundo de la empresa y del trabajo.
4.Porque a pesar de que habría muchas críticas que hacer al papel de los sindicatos, creo que unas organizaciones sindicales fuertes y con capacidad de decisión y negociación en el mundo de la economía no solo favorecen a los trabajadores, sino al conjunto de los ciudadanos que habitan en un país y porque considero que, por contra, esta RL pretende marginalizar el papel de estas organizaciones. Sin sindicatos no solo perdemos los trabajadores, también, por paradógico que les parezca a algunos, pierden las empresas.
5.Porque estoy convencido de que la bajada brutal de salarios que se esconde detrás de la actual RL no es el camino para mejorar la productividad tan necesaria y sí un camino para empobrecer aún más este país. Los datos de los últimos años lo demuestran: la bajada generalizada de sueldos no ha mejorado la productividad en España, más bien al contrario. Hay estudios y especialistas que así lo demuestran y defienden.
6.Porque estoy también convencido de que la RL no «es la única solución» sino la solución de parte y consecuencia de la visión ultraliberal de un Gobierno que se ha puesto en manos de los halcones mundiales de la economía cuyas recetas nos han traído hasta aquí. Creo, además, que esta normativa no es ni siquiera suya sino que Rajoy se limita a aplicar un texto impuesto desde fuera.
7.Porque creo que el trabajo dignifica y el trabajo digno y con derechos dignifica bastante más que el tipo de trabajo que propugna esta RL, que deja a gran parte de los trabajadores casi como mera mercancia en el proceso productivo.
8.Porque se coloca el despido barato como casi unico y fácil medio para la supervivencia de las empresas en crisis, cuando existen otros caminos y otras vías que se podían y debían explorar antes de llegar a esta decisión tan grave y trágica. Otros países lo están haciendo.
9.Porque considero que la actual RL es una estafa a la ciudadanía y cuyos ejes centrales son contrarios a los que el partido en el Gobierno y sus principales líderes defendieron en la campaña electoral. Las citas sería casi interminables.
10. Y, finalmente, porque estoy convencido de que las bases del país que entre todos hagamos hoy serán los cimientos del país del mañana y la arquitectura que ofrece la RL nos dibuja un país que no me gusta, ni deseo para mis hijos, ni para las futuras generaciones que tendrán que coger el testigo de lo que hagamos y contruyamos hoy.
Son diez razones, aunque podrían ser otras muchas. La lista está, lógicamente, abierta a debate. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 8/03/2012

El constructor y dueño del Hércules Enrique Ortiz junto a la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, en una imagen de archivo. Foto RAFA ARJONES

La alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, ha roto su silencio de meses y ha decidido hacerlo en una entrevista en Ser Alicante. Allí realizó el pasado martes unas relevantes declaraciones cuyo objetivo no parece ser otro que el lícito intento de lavar su imagen en un momento judicialmente delicado para su persona y para la ciudad, justo cuando los rumores sobre su abandono se acrecientan, pero lo curioso es que estas declaraciones acabaran siendo una cacería. Castedo acusó al fiscal y a la Policía que le investigan de tener intereses ajenos a la causa. El problema es que, por el momento, no aportó pruebas de tan grave acusación.

De lo que allí se habló y tras 34 minutos de conversación con Carlos Arcaya, el conductor del programa, destacan dos apartados. Uno, fueron las quejas de la primer edil sobre el poco cariño que confiesa viene recibiendo de su partido en este tiempo judicial, y dos las citadas acusaciones contra la Policía y contra el fiscal Anticorrupción, Felipe Briones, a cuentas de la investigación abierta contra ella y otros en un juzgado de Alicante por los supuestos manejos del Plan General de Ordenación Urbana de Alicante y sus amistades peligrosas con Ortiz & Alperi. Escuchada la misma detenidamente se pueden tener dudas de que consiguiera su propósito. Más bien parece lo contrario.

Llevaba Castedo largo periodo sin dar la cara en los graves asuntos judiciales que le afectan. En los últimos tiempos apenas si se oía su voz más allá de las cuestiones domésticas que atañen al gobierno municipal. Es en este marco donde Castedo ha debido entender que es hora de empezar a cambiar de estrategia e intentarr quitarse de encima algo del polvo judicial que la tiene atenazada en lo personal y en lo político y una vez que su amigo Camps es pasado que no volverá.

Puede que de ahí el doble mensaje. Por un lado, el reconocimiento sincero de que se ha sentido «muy sola» en todo este calvario judicial. Y por otro, en hacer suya aquella vieja táctica de que un buen ataque es siempre la mejor de las defensas. Y aquí se puso a soltar cuantos mandobles pudo contra el fiscal del caso, Felipe Briones, y contra la Policía que le investiga, a los que acusó de hacer interpretaciones libres de las pruebas obtenidas. Hay que recordar en este punto que hay un hecho que no le es muy favorable. Son los papeles que la propia Policía halló en el despacho urbanístico de su hermano, José Luis Castedo, imputado en la causa, sobre diversas circunstancias personales del citado fiscal y que dieron lugar a algunas informaciones que apuntaban incluso a un posible espionaje al promotor judicial de la investigación. Esperemos que ambas circunstancias -las acusaciones de Castedo y los papeles- solo sean casuales.

En el primero de los puntos, me temo que el cariño de sus compañeros va a depender muy mucho de que se aclaren en sede judicial las graves sospechas que pesan sobre ella en la tramitación del PGOU de Alicante siendo ella primero concejal de Urbanismo y más tarde alcaldesa de la ciudad. El segundo apartado, la denuncia de que se considera víctima de una persecución del fiscal y de la Policía «que quieren acabar con mi carrera política», es bastante más grave y supone, como bien dijo ayer en Alicante la portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, una apuesta arriesgada, al tiempo que un duro menoscabo para el Estado de derecho y para el prestigio de las instituciones. Y eso, referido a la primera autoridad de una ciudad de la importancia de Alicante, son palabras mayores y bastante duras.

Si Castedo cree, y está en su derecho de creerlo, que es efectivamente víctima de una cacería político/judicial debería pasar de la mera denuncia en una emisora de radio a poner las pruebas sobre la mesa de un Juzgado. Solo así serían creíbles sus palabras. Lo otro, lo sabido hasta ahora, suena a recurso a la desesperada de quien no las parece tener todas consigo. O, peor aún, a un intento de amedrentar a quienes le investigan.

Porque, claro, lo que aquí al fin y al cabo se dilucida es si ella y Alperi, junto a otros, han beneficiado o no al constructor Enrique Ortiz en el urbanismo local. Ella se desgañita diciendo que no, que las pruebas así lo reflejan, y que es la Policía y el fiscal quienes construyen un relato alejado de la realidad. Pero el problema es que el caldo de cultivo en el que ha ocurrido todo este vodévil urbanístico no invita precisamente a pensar bien del asunto de fondo. Sus estrechas relaciones personales con Enrique Ortiz, por ella reconocidas en la propia entrevista, y recordemos que hablamos del empresario que más factura al Ayuntamiento; las fiestas en el yate del constructor en fechas muy señaladas; los viajes familiares conjuntos; y, sobre todo, la insistencia inicial de Alperi y por ella mantenida y ampliada, para dejar la mayor actuación urbanística de la ciudad en los próximos 15/20 años, el conocido como Plan Rabasa promovido por el empresario y dueño del Hércules, fuera del PGOU, indican, cuanto menos, que si no ha habido delito ni información privilegiada, sí ha existido como mínimo demasiada insistencia y demasiadas coincidencias que hacen pensar que las relaciones además de amistosas podrían haber sido también interesadas. Es en lo que estamos.

Probar estos hechos no siempre es fácil. Y es justo esta la baza que está jugando la alcaldesa de Alicante, pero vendría aquí a cuento el caso de la no condena de Francisco Camps por los trajes. El expresidente del Consell logró salir rehabilitado judicialmente del trance, pero no está nada claro que políticamente vaya a suponerle lo mismo. Algo parecido podría sucederle a ella. Y Castedo debe estar rumiando y valorando esta posibilidad.

De ahí su nerviosismo. No del fondo, que también, pendiente de, si llega el caso, ser juzgado. Pero lo que se ha dejado ver ya, y es mucho, no es para nada edificante, ni ayuda a confiar. Eso, Castedo lo sabe muy bien. Como lo es que debía de haberse dado cuenta y haber sido mucho más precavida en sus relaciones personales cuando ocurrían estas francachelas a la espalda de los ciudadanos. Reconocer aquellos excesos en estos momentos, como ella lo ha hecho en alguna que otra ocasión, le honra, pero no parece que vaya a ser suficiente. Y es ahí donde su relato flojea y donde sus acusaciones y la nueva cacería que ha emprendido contra el fiscal y la Policía empiezan también a naufragar. A poco que el puzzle vaya cuadrando piezas estos disparos de ahora contra la Fiscalía y contra la Policía podrían acabar volviéndose en su contra. Eso también debería decírselo alguien de los tantos que le aconsejan es esta delicada cuestión. Salvo, claro, que la cacería se realice con los cartuchos marcados...y entonces ya todo sería posible. En twitter @plopez58

P.D. Se puede escuchar la entrevista completa en este enlace:

http://www.ivoox.com/entrevista-sonia-castedo-alcaldesa-alicante-06-audios-mp3_rf_1089454_1.html

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 6/03/2012

Elena Salgado durante una de sus intervenciones cuando era miembro del Gobierno de Zapatero

Los gestos y las palabras son casi siempre necesarios, pero, además, en estos tiempos de penurias y desesperanza se haría imprescindible también que fueran de la mano, que se convirtieran en la cara y en la cruz del mismo espejo para poder ser creíbles. Los unos sin las otras, y al revés, solo ayudan a aumentar la desconfianza y el desasosiego ciudadano en el que vivimos, que ya es mucho.

Algunos de estos gestos que vemos últimamente no parecen ir precisamente en la buena dirección. Que la exvicepresidenta del Gobierno y ministra de Economía con Zapatero hasta hace apenas dos meses, Elena Salgado, esté pensando seriamente en aceptar la oferta para ser consejera de Endesa en su división en Chile, es un hecho que no incrementa esta confianza y el esfuerzo compartido que nos reclaman, al tiempo que tampoco ayuda al PSOE a reconstruir una alternativa creíble. El solo gesto de aceptar este trabajo sí supone, por contra, acrecentar el sentimiento de que la clase política es primero y ante todo clase y de que vive aislada del resto de la problemática de la ciudadanía. Puede que a ella, Salgado, y a Endesa, les sirva en sus objetivos, pero el gesto de pasar de un despacho ministerial a otro de una empresa sobre la que ella tuvo muy posiblemente que pronunciarse en algún momento de su responsabilidad y todo ello casi sin solución de continuidad, encierra un fraude y la sensación de tomadura de pelo. De consumarse este fichaje, Salgado y el PSOE van a tener dificultades para explicarlo. Van a necesitar en definitiva de algo más que palabras.

AlbertoFabra, el presidente del Consell, ha acuñado en su vocabulario público el término «ejemplaridad» como uno de sus tótem dialécticos más recurrentes. Debe ser que se ha dado cuenta de que precisamente el déficit mayor de los gobiernos del PP que le precedieron en la comunidad ha estado precisamente ahí: que les han sobrado las palabras y les han faltado los gestos. De ahí que cada vez la percepción pública de esa ejemplaridad se esté haciendo más negativa. Palabras y realidad han estado aquí claramente disociadas. Leyendo los eslóganes y pancartas de las manifestaciones de estos días se podía dibujar claramente esta distancia. Y así tampoco es fácil.

Casi no hay discurso en el que Fabra deje de hacer un llamamiento a la necesidad de que los cargos públicos deben intentar ser ejemplares en sus comportamientos y en su gestión. En su extensa conferencia pronunciada en el Club del diario Levante de la semana pasada fue este uno de los ejes de su exposición ante una parte relevante de lo más granado de la sociedad valenciana. De aquel discurso pudimos entresacar afirmaciones como las siguientes: ˝(la administración) Debe ser más ejemplar, transparente y responsable y debe ser más austera y eficiente»; «A los gobernantes públicos se nos debe exigir ser ejemplarizantes en el comportamiento y en las actitudes», o «Las comunidades, en especial la valenciana, tenemos la lupa encima y debemos ser ejemplarizantes para demostrar que somos buenos gestores». Está bien que Fabra haya apostado por la ejemplaridad como mensaje transversal, pero ahora haría falta también pasar al terreno de los hechos y de los gestos para que pueda acabar siendo creíble. Y ahí empezamos nuevamente a tener problemas muy serios.

Mal se compadece que quien defiende tanta ejemparidad en sus consignas siga manteniendo en sus puestos a quienes han tenido comportamientos pocos edificantes y/o están imputados en casos de corrupción, tráfico de influencias o enriquecimientos ilícitos. O que intente, Fabra, hacer piruetas dialécticas para justicar cesarlos en unos casos y no en otros no. La lista es tan larga que casi es mejor no citar a ninguno de ellos por evitar el olvido de ilustres nombres que están ya clavados a fuego en una gran mayoría de ciudadanos cansados de palabrería hueca.

Mientras estas personas figuren en cargos de responsabilidad del gobierno, de empresas públicas y/o del partido en el que milita el presidente, y son muchos los que siguen haciéndolo a día de hoy, el discurso de Fabra va a tener serias dificultades para hacerse creíble. Sus palabras son claramente esperanzadoras, pero los gestos y los hechos desgraciadamente no siempre le acompañan.

De modo que está bien que nos sermoneen, que nos digan que el camino es la ejemplaridad, que quieran buscar nuestra connivencia y comprensión en el esfuerzo compartido, pero si los gestos y la práctica diaria que nos llega desde estos ámbitos no se compadece con las decisiones que adoptan en cuestiones que nos afectan, va a ser difícil, muy difícil, que todo ello acabe siendo más que meras palabras. Bienintencionadas, sí se quiere, pero al fin y al cabo solo palabras. Lo mismo en el caso de Salgado que en el de Fabra. Son hechos y son palabras, pero ambos solo hacen que incrementar el desconsuelo y el distanciamento con la ciudadanía a la que deberían servir. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 29/02/2012

Rafael Blasco es hoy el portavoz del PP en las Cortes Valencianas

Rafael Blasco, el hombre que cabalgó a lomos de todos los caballos y sin importarle la cuadra donde se criaban, puede que esté jugando su última partida en el ajedrez de la alta política valenciana. Él lo sabe y empieza a dar síntomas. Sus enemigos, muchos, también lo saben y esperan cobrarse la pieza. La trama de las ONG está empezando a ser una losa demasiado pesada para su figura, un círculo que poco a poco se cierra en torno suyo y que puede dejarle sin respiración.

Y es que la historia es la que es y, además, está escrita. Va para treinta años que gobernase quien gobernase aquí, Blasco, de profesión interventor de la administración local, siempre estaba allí. Siempre aparecía en ese lugar de privilegio a la derecha del Padre en la eterna fotografía del poder valenciano. En el zoo político de este trozo de España es difícil, por no decir imposible, encontrar un político camaleónico capaz de adaptarse a todos los terrenos y a todos los escenarios como lo ha hecho este hombre nacido en Alzira un 9 de febrero de 1945. Blasco se resiste a escribir su última página y en esa desesperación, propia de quienes vislumbran un final próximo, se permite amenazar a quienes le quieren descabalgar, sin importarle que sus golpes vayan dirigidos contra el mismísimo presidente del Consell, Alberto Fabra. No sería la primera que lo hace. Esta forma de actuar va en su su gen político.

Su procelosa biografía al menos así lo recoge. Desde la extrema izquierda en la que militó de joven ya se veía que lo suyo era el cambio de caballo. En ese viaje desde la izquierda, incluso extrema, a la derecha, de las siglas PCE, MCE o FRAP en las que militó, hasta ser hoy el sindic portavoz del PP en las actuales Cortes Valencianas, casi nada ni nadie se ha resistido a sus manejos. Otros caían, pero él siempre reaparecía como ave fénix.

En esta larga carrera ha dirigido hasta siete consellerías diferentes desde 1983. Fue conseller de Presidencia y de Obras Públicas un tiempo, pero sus coqueteos con el mundo siempre peligroso del ladrillo y el urbanismo le procuraron ya entonces un encontronazo con la Justicia que le hizo incómodo para el que fuera el primer y último presidente socialista de la Comunidad Valenciana, Joan Lerma. Eso y las pesquisas judiciales del caso le obligaron a abandonar cargo y partido. Poco tardó en encontrar acomodo en otros sitios.

De aquella prueba salió sacudiéndose el polvo judicial. Y, como si nada hubiese sucedido, supo apostar al todo o nada por Eduardo Zaplana. Tal para cual. Hasta el punto de que pasado el tiempo ya no sabríamos decir a ciencia cierta quien sirvió a quien. Al prócer murciano afincado en Benidorm le ayudó a limpiar el poder valenciano y a despejarle el camino de enemigos, de dentro, para que reinase sin personajes incómodos ni oposiciones molestas, y de fuera, para que la única voz que se oyera fuera la suya. Algunos damnificados podrían escribir muchos y dolorosos capítulos de aquellos lodos que trajeron estos tiempos.

Y de ahí, hasta nuestros días. Vendió a Zaplana y cruzó el charco campista cuando su fino olfato le dijo que el futuro pasaría por el no culpable de Francisco Camps. Y junto a este volvió a saborear otra vez las mieles del poder desde la atalaya del que se debe considerar a sí mismo imprescindible. Con Camps fue casi todo lo que quiso y no sabremos nunca si este último habría llegado donde llegó sin la colaboración de tan fiel escudero. Con Camps llevó las riendas de las áreas de Bienestar Social (la que ahora a buen seguro le está dando tantos dolores de cabeza), Ordenación del Territorio, Sanidad y Solidaridad Ciudanana, saltando de una a otra con tal presteza y agilidad que sorprendía a propios y a extraños. Pero, sobre todo, siguió haciendo lo que mejor se le daba: ensuciarse las manos en los arreglos de la fontanería y las alcantarillas del poder que otros rehusaban para no mancharse.

Con el atardecer político de Francisco Camps, el hombre que debe su mayor fama a los trajes que se hacía servir desde Madrid, no tuvo tampoco empacho en hacer la penúltima pirueta e intentar sumarse a las tropas, aún menguantes, de un tal Alberto Fabra, a la sazón y por entonces alcalde de Castellón. Aunque ahora, con su poder también menguante, sólo le alcanzase para ser como ha quedado dicho sindic portavoz del PP en las Cortes. Que no es poco, pero por primera vez y puede que premonitoriamente, alejado de los pucheros donde se cuece la alta política de la Comunidad. Todo un síntoma.

Ahora, detenidos y/o imputados por la trama de las ONG muchos de sus fieles en toda esta travesía, con el aliento cercano otra vez de la Justicia porque, recordémoslo, él era el jefe de la caja de donde salieron tantas y tan chuscas presuntas irregularidades, parece que no está dispuesto a morir en la orilla y tampoco quiere hacerlo solo. Ayer avisó a su todavía jefe, el presidente del Consell, Alberto Fabra, por si éste no lo tenía claro, que seguro debe tenerlo: “Si Fabra hubiera dimitido cuando fue imputado (cuando era alcalde de Castellón) ahora no sería president”, sentenció ayer Blasco como aviso de navegantes y a quienes piden su cabeza.

Semejante carga de profundidad solo podía venir de quien se cree que pasado, presente y futuro en esta tierra solo se entienden a la sombra y manejos de su nombre, Rafael, y de su apellido, Blasco. Solo que ahora los tiempos son los que son y por mucho que él quiera todo hace indicar que su hora está sonando en el reloj del adiós. Por una vez, tanto currículo y tan taimada forma de actuar no juegan precisamente a su favor. Y más cuando desde Madrid el mensaje parece claro: hay que limpiar la casa. Y en ese encargo, dejar a Blasco en primera fila no parece buena idea. Tiene demasiado pasado, y, además, demasiado oscuro. Lo que otrora fue su fuerte, curiosamente hoy empieza a ser su talón de Aquiles. Él se lo debe oler y se niega a creerlo. Veremos a ver lo que otros resisten sus amenazas. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 26/02/2012

El duque de Palma, Iñaki Urdangarin, ayer sábado camino del Juzgado donde declaró por espacio de nueve horas y media y donde hoy tendrá que volver para seguir declarando

Puestos a mirar uno no sabe ya qué duele más, si sus presuntas fechorías y trapacerías de entonces o su sonrojante cobardía de ahora. Deber ser el signo de los tiempos, pero los hechos se van acumulando y siempre apuntan hacia el mismo sitio, un lugar donde nadie quiere asumir su responsabilidad. Sucedió con el expresidente del Consell, Francisco Camps; volvió a ocurrir con el exmáximo mandatario de las Islas Baleares, Jaume Matas. Y ahora ha vuelto a ocurrir también con Iñaki Urdangarin a propósito de la investigación judicial del entramado de empresas del caso Nóos donde se intenta averiguar el presunto desvío de dinero público para fines privados a través de una empresa sin ánimo de lucro.  

Mientras ejercían el poder y la influencia se nos mostraban valientes, muy valientes. A veces, incluso, altaneros; casi siempre inabarcables. Nos parecían hercúleos y tan seguros de sí mismos y de nuestro destino como pueblo que cada una de sus intervenciones y de sus gestos nos llegaba como una muestra de ese ancho poder que parecían detentar sin fin por la vía de los votos o por el consorte resplandor de la corona.

Todos ellos nos parecían entonces de una determinación incuestionable, dignos capitanes de barco para grandes empresas. Pero ahora, ahora, amigos, cuando el destino les ha puesto frente al espejo de sus responsabilidades, se nos aparecen como seres con un punto de miseria, vulgares y un tanto cobardes, llenos de miedos, poquita cosa, desconocedores de su propia voz y de sus propias decisiones, irresponsables de todo lo que hicieron entonces hasta la náusea. En definitiva, una sombra de sí mismos, casi seres inútiles, una especie de naturalezas muertas que nos intentan decir que ellos en realidad no pintaban nada en todos aquellos entramados y decisiones que hoy investigan ya varios jueces y varios juzgados. Y todo, suponemos, en un vano y postrero intento de despertar en nosotros comprensión y compasión a la par.

Pero viéndoles y oyéndoles en ese papel de víctimas, lo único que podemos sentir es rabia. Y también, claro, una gran pena acumulada al comprobar que hemos estado en manos de dioses menores, de una especie de asalta caminos que no nunca sabían lo que hacían, ni por qué lo hacían y que solo han aguantado el primer embate de la justicia en la sala donde se dirimen las verdades del barquero para negar y negarnos todo evidencia y toda responsabilidad en el desastre.

Pero es lo que hay. Ni Camps, ni Matas, ni ahora tampoco el marido de la infanta Cristina y yerno del Rey, Iñaki Urdangarín, parecen reconocibles. Camps, como San Pedro, empezó negando varias veces tener amistad alguna con Alvaro Pérez “El Bigotes”, ya saben el del “amiguito del alma te quiero un huevo”, y a lo largo del juicio de los trajes no ha tenido ni un gesto de valentía haciendo honor al cargo que tuvo y reconociendo que el desastre de hoy lleva su mano y su sello. Esto es algo que el expresidente del Consell debe a la ciudadanía que estos días llena las calle de protestas contra la corrupción, contra el olvido y contra los recortes.

Jaume Matas no fue menos y negó varias veces en sede judicial tener responsabilidad alguna en los contratos con el periodista que le hacía los discursos a precios astronómicos y que luego se los ensalzaba en el periódico donde trabaja, o en el caso de los escandalosos contratos del velódromo pagados a precio de oro. Siempre había responsables de comunicación, directores generales, subordinados a los que culpar de todo ello en sede judicial para exonerarse él de toda responsabilidad.

Y ahora, el regio Urdangarin, el medallista olímpico, ha procedido de igual manera, culpando de todo lo que hubiere de irregular en el supuesto entramado de empresas del caso Nòos a su socio Diego Torres. Durante las más de nueve horas que duró ayer sábado su primera declaración él, Urdangarin, dijo al juez José Castro y a los fiscales anticorrupción que investigan el caso, que solo tuvo un papel institucional, y que de las alcantarillas, si las hubiera, se ocupaban otros, pero que él de eso nunca supo nada. 

Son tres gestos que les unen y que dibujan a tres personajes menguantes, a tres hombres que un día entrecruzaron sus caminos y sus agendas y que brillaron en el firmamento de la tierra de Jauja en la que nos hicieron creer que vivíamos, pero que hoy curiosamente nos sorprenden con su apocamiento y con su cobarde auto exculpación de cualquier posible responsabilidad penal, pero y, sobre todo, también social.

Por eso las palabras del principio. Está claro que llegados hasta aquí casi lo que da más tristeza es comprobar que la tormenta judicial que sobre ellos se ha abatido o se abate aún, nos haya dejado al descubierto a presidentes y duques demediados, gentes que, pese a su entonces aparente inmenso poder, se afanan hoy en hacernos creer que solo eran estatuas silentes cuando el saqueo y el estropicio de las cuentas públicas cotizaba en bolsa. Eran los días en los que sus figuras refulgían tanto que casi nos cegaron los ojos haciéndonos ver que todo lo que ellos tocaban se convertía en oro. No nos dimos cuenta de que la factura de tanta codicia nos vendría un día tal como hoy, con retraso y con unos altos costes e intereses a cuenta. Pero, eso sí, los valientes de Camps, Matas y Urdangarin, quede claro, nos repiten hoy machaconamene un remedo del estribillo de la canción de Aute y nos aseguran que ellos solo "pasaban por allí". En twitter @plopez58 

 

 

 

 

 

Publicado: 24/02/2012

El presidente del Consell, Alberto Fabra, defendió ayer en las Cortes Valencianas que no hay recortes en educación ni en sanidad

El presidente del Consell, Alberto Fabra, parece que ha decidido que una mala copia siempre puede resultar mejor que el original. Se mire como se mire una mala elección. A las primeras dificultades importantes en su corta presidencia, dentro de su partido al sentir el aliento de la sombra alargada de un Camps redivivo y de sus diezmadas huestes, y fuera de él con las brutales imágenes de la #primaveravalenciana en todos los medios nacionales, ha optado por imitar las peores formas del ex presidente Francisco Camps: negar la evidencia y culpar a la oposición de todos los males, muchos, que afligen a esta tierra, la Comunidad Valenciana. Se le olvida que el que gobierna es él y que su partido lo lleva haciendo va para veinte años.

En el debate del Consell de ayer jueves negó la evidencia de los recortes que ya sufren sanidad y educación, entre otras áreas, asegurando que los únicos que lo van a notar son las nóminas de los funcionarios, médicos, personal sanitario, maestros y profesores. Su estrategia diabólica no es otra que intentar abrir un socavón entre las protestas ciudadanas de estos días y los propios funcionarios perjudicados, centrando en ellos el foco del malestar. Pero resulta que a estas alturas de la película negar en sede parlamentaria la palmaria evidencia de este hachazo a los servicios públicos es tanto como decir que la lluvia no cae del cielo. Él puede hacerlo, está en su derecho, pero a cada ocasión que lo hace, y ayer lo repitió en varias ocasiones y con un tono extrañamente vehemente, pierde ríos de la credibilidad ganada hasta ahora.

Solo basta salir a la calle y ver lo que está pasando para comprobar que el agua casi siempre cae de arriba hacia abajo, y que lo otro son fenómenos paranormales, aunque viendo las declaraciones del propio Fabra y de algunos de sus colaboradores más cercanos ya empezamos a pensar si no vamos camino de ello. De convertir esta tierra en un lugar habitada por gentes nada normales.

Solo basta con trabajar en un centro escolar público, tener un hijo en edad escolar, a ser posible también en un colegio público, ir al médico... para darse cuenta de qué estamos hablando y entender la inmensa falsedad de las palabras del presidente. Los recortes están ahí y no sabemos si para quedarse, pero están. Y negar esa realidad es tan falaz que cuesta que él lo intente justificar por ese lado. Debería explicarlo, si, porque hacerlo es su obligación, pero negarlo y querer que le creamos no parece el mejor de los caminos. Ayer Fabra dio un paso hacia atrás, hacia esas imágenes de un presidente -Camps- que acabó creyéndose su estrafalario personaje y su propia mentira, el presidente que nos trajo hasta aquí. Entonces, cabe preguntarse, ¿si es esto mismo lo que quiere también Fabra?

El listado de recortes podría ser casi interminable, pero citemos solo algunos datos. La calefacción es ya casi un artículo de lujo en muchos de los centros educativos de la Comunidad, en donde los abrigos y las mantas han sustituido a los radiadores; los folios escasean tanto que en algunos son los propios alumnos los que tienen que llevarlos de casa, la ratio alumnos/aula se ha aumentado hasta límites muy peligrosos; las sustituciones por enfermedad casi ni se cubren. ¿Seguimos? Algunos medicamentos específicos para enfermedades muy concretas están empezando a escasear en los hospitales de la Comunidad y cuesta encontrarlos; las urgencias se colapsan y las listas de espera crecen.¿Esto, son o no recortes? No lo digo yo, lo han dicho hace poco los propios médicos que han alertado de que este camino conduce a un deterioro irreversible del sistema.

Por eso ante tanto dato y tanta evidencia duelen tanto las palabras de ayer de Alberto Fabra en la tribuna de las Cortes. Duelen y resuenan a hueco, a huida hacia adelante de una persona que empieza a dar síntomas de inseguridad, de un responsable político que no encuentra el discurso pausado y necesario en tiempos de crisis y que se limita a copiar a un mal modelo: aquellas reiteradas negativas, las de Camps, aquellas mentiras que nos han traído hasta aquí. Las de ahora, las de Fabra, nos pueden llevar a un pozo aún mayor porque en estos momentos casi no queda nada para amortiguar el golpe. Eso debería tenerlo en cuenta el molt Honorable Fabra si quiere ser creíble. Y no solo para una parte de los suyos. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 21/02/2012

 

 ¿Hay interés político en hacer de las protestas estudiantiles de Valencia un problema de orden público? ¿Es esto lo que de forma inconfesable pretende llevar a cabo la delegada del Gobierno y ex portavoz del Consell de Francisco Camps, Paula Sánchez de León? Algunos hechos y algunas declaraciones de responsables políticos y policiales de estos últimos días y horas hacen pensar que, efectivamente, hay un plan trazado cuyo objetivo es precisamente esto mismo: hacer creer a la opinión pública que los que se manifiestan no tienen interés educativo alguno, que no son siquiera estudiantes y sí meros alborotadores. La campaña parece ir en esta dirección.

Si se consigue llevar la protesta y el malestar por los recortes sin precedentes en la enseñanza de esta Comunidad al terreno de la algarabía, de la violencia callejera, alguien puede pensar que así logrará un importante triunfo. Y en esta línea de razonamiento creer que si esto sucediese ganaría el partido del gobierno, en este caso el PP, y perderían los estudiantes, que pueden ver deslegitimada su acción a los ojos de una parte importante de la ciudadanía y de la opinión pública. De proceder así, León puede creer que ha ganado, si, pero puede crear con ello un problema de mayor calado: la institucionalización de la respuesta, el in crescendo de la misma, su radicalización, su posible mímesis en otras ciudades españolas, un peligro cierto nada desdeñable y que un cargo público como ella debería sopesar. Teniendo en cuenta que hay caldo cultivo para ello, no cuesta mucho imaginar que el decorado resultante podría ser el de, ahora sí, violencia como respuesta a otra violencia. La criminalización de los estudiantes sería el primer y necesario paso para conseguirlo.    

Esto no es nada nuevo. Cualquier gobierno, de izquierdas y de derechas, puede enfrentarse a estas protestas de dos formas. Una, la más sensata, tratando de no crear un problema de orden público donde no lo hay y haciendo un uso proporcionado y restrictivo de los medios de los que disponen las fuerzas de seguridad. Es más o menos lo que de una u otra manera sucedió con el movimiento 15M, salvo en el caso del brutal desalojo de la Plaza Cataluña en Barcelona, actuación por la que hoy hay que recordar están imputados varios mandos y agentes de los Mossos catalanes. Otra sería lo que está sucediendo en Valencia. Se trata de tensar intencionadamente la cuerda, bien dejando u ordenando mano libre a estas fuerzas de orden público para que utilicen métodos antidisturbios contundentes y desproporcionados, como así parece que, viendo las imágenes de estos últimos días y de ayer mismo, ha ocurrido en las manifestaciones en el entorno del instituto Lluis Vives de Valencia. El exceso de celo de los agentes, su impericia, sería el origen de la situación, pero el amparo político a estas actuaciones está en su origen y mantenimiento en el tiempo.

Semanas antes de que se iniciara la oleada de protestas contra los recortes del Consell, la delegada del Gobierno precisamente avisó de que “tenía preparada a la Policía”. Cabe preguntarse si estas declaraciones fueron una provocación o un desliz.  A la luz de lo que ha venido ocurriendo después sus palabras adquieren hoy un tinte de clara y grave intencionalidad. Aquellas declaraciones y, sobre todo tras lo ocurrido estos últimos días, solo podían ayudar a provocar lo que han pasado: encender la llama de la indignación y el rechazo social entre una parte importante de la sociedad valenciana y española ante actuaciones policiales tan desproporcionadas.

Después de ver las imágenes que han recorrido los principales informativos de este país y donde se aprecia, siendo benévolos, un exceso de celo por parte de estos agentes policiales en el uso de sus medios coercitivos, Sánchez de León cometió un segundo error. Calificó la acción policial de proporcionada, actitud que ha mantenido hasta ahora a pesar de las evidencias de que pudo haber claros excesos que deberían investigarse y castigarse. Debe ser que una cabeza abierta por un porrazo con seis grapas, personas de 70 años detenidas por el delito de pasar por allí, rostros sangrando, imágenes que pensábamos olvidadas, le parecen a la delegada consecuencias normales de acciones proporcionadas. Debe ser que su particular visión para ejercer un cargo como el suyo es intentar apagar un fuego con gasolina.

Un hecho nada anecdótico fueron las declaraciones del jefe del operativo policial calificando ayer mismo y en presencia de la propia Sánchez de León a los estudiantes de “enemigos”. El que ella callara y asintiera, ¿nos debe hacer suponer que la delegada piensa lo mismo que el jefe policial? Si los estudiantes son los enemigos  casi sobra todo lo demás.

El objetivo, volviendo al principio de esta reflexión, no sería otro que la deslegitimación de las protestas. De éstas, pero, ojo, en el fondo de todas a las que este gobierno, en Valencia y en Madrid, se va a buen seguro tener que enfrentar como admite en público y en privado. El objetivo sería entonces meter el miedo en el cuerpo a los ciudadanos para que se lo piensen dos veces antes  de echarse a la calle o, no sé si peor, hacer que la violencia callejera fuese la noticia y no la gravedad de las contrarreformas en marcha.

 En un paisaje con la crisis enquistada, con cinco millones de parados, con resoluciones judiciales de difícil comprensión por una parte importante de la ciudadanía, con un listado de recortes sin fin, con el miedo acrecentado al despido que ha abierto la Reforma Laboral, y con el mal augurio del mensaje gubernamental de que al futuro solo le cabe pintarlo un poco más negro, la pregunta y el temor que surge es si lo de Paula Sánchez de León no ha sido un gravísimo error aislado, sino que por el contrario su ejemplo puede tener numerosos y peligrosos imitadores en el partido que hoy gobierna este país sin prácticamente contrapesos. Eso sería, sin duda, bajar un escalón más en la peligrosa pendiente en la que andamos metidos y acercarnos peligrosamente a Grecia. En este sentido no es descabellado pensar que lo de Valencia podría ser solo un primer capítulo de un guión ya escrito.

Creer, como ha creído y parece creer Sánchez de León que el problema no son de por sí ya los brutales recortes, los institutos sin calefacción, las clases sin profesores, sino que el problema son unos centenares de niños en la calle cortando el tráfico, es tener una visión muy distorsionada de la realidad que no augura nada bueno. Y esto último rayaría, ahora sí, en la violencia policial amparada por la acción política de quien actúa, siendo benévolos, creyéndose una especie de Reina Sol que confunde sus deseos con la realidad y a los ciudadanos y estudiantes con meros súbditos sin derechos a los que solo cabe reprimir. O, como diría su jefe de Policía, a quienes hay que tratar como se trataría al enemigos en una guerra. La que ella está, en parte, consintiendo. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

 

Publicado: 17/02/2012

Un momento de la actuación policial en la manifestación de estudiantes de Valencia contra los recortes en Educación

Carlos Dívar, presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, nos lanza desde la tribuna del Congreso una dura regañina y admonición por las duras críticas vertidas desde diversos ámbitos a propósito de la sentencia del Supremo que ha apartado al juez Baltasar Garzón de la carrera judicial en una sentencia que despierta bastante controversia dentro de la propia magistratura. La hermana del Rey, Pilar de Borbón, en un gesto impropio y excesivo nos manda callar hasta que no haya sentencia en el caso Urdangarín amparándose en la presunción de inocencia que constitucionalmente a todos nos ampara. Los ministros de Rajoy parecen entregados a una carrera desenfrenada de reformas y cambios legislativos que afectan a muchos derechos básicos y a parte de la columna vertebral del sistema político pactado en este país tras la dictadura. Gallardón y Mato quieren volver a penalizar a la mujer a propósito del aborto y en el ámbito de su libertad sexual. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, cambia Educación para la Ciudadanía sin que a día de hoy haya dado una explicación razonable y creíble de su proceder, y sin que sepamos si lo que más molesta es Educación o es Ciudadanía. La Reforma Laboral que nos han endosado el PP lejos de ser equilibrada marca un terreno de juego donde los únicos que van a poder moverse con total libertad son los empresarios. Paula Sánchez de León, subdelgada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, cumple su amenaza. Dijo que ya tenía preparada a la Policía por si las protestas contra los recortes no le gustaban y ayer ya empezó a dar cumplimiento a sus palabras con la detención por parte de la Policía de una decena de estudiantes del instituto Lluis Vives de Valencia que protestaban por la precariedades de todo tipo en su instituto, una acción, la de Sánchez de León, que parece premeditada y una demostración excesiva y abusiva en el uso de los poderes del estado. De Guindos, ministro de Economía, está empeñado en recordarnos a cada hora que a la situación actual solo le cabe empeorar, y además se le nota un cierto disfrute en la expresión. Y todo para justificar, o intentarlo al menos, el expolio de derechos que este gobierno está detrayendo a la ciudadanía. En apenas cincuenta dias de presidencia de Rajoy el paisaje que se nos dibuja delante nos hace empezar a preguntarnos si el verdadero programa oculto del PP, ese que nunca quisieron explicitar, no tenía escondida una contrarreforma consistente en la voladura controlada de las bases del pacto social surgido en la Transición. Y si, peor aún, en algunos de sus ámbitos y decisiones no bordea ya con cierto descaro algunas de las formas próximas a la involución democrática. ¿Excesivo? Habrá que estar muy atentos a las próximas decisiones y actuaciones para ver si lo visto y padecido hasta ahora son sólo síntomas o marcan un camino de difícil retorno preparado en alguna sede de esas sociedades neoliberales que aspiran a controlarlo todo. Bueno, todo menos el tráfago espurio del dinero y de los intereses especulativos. En twiter @plopez58

P.D. En el vídeo de abajo se puede ver la actuación policial del pasado jueves durante la protesta de los alumnos del instituto Lluis Vives de Valencia que finalizó con diez detenidos

 

 

 

 

 

Publicado: 16/02/2012

Protesta de un grupo de afectados por los impagos de la CAM

Tratar de explicar lo que ha sucedido y sucede en esta Comunidad Valenciana y en esta tierra en estos últimos años es, sin duda, harto complicado. Explicar tanta zafiedad y perplejidad, tanto latrocinio consentido, requiere de un esfuerzo supremo para el que no sé sí estamos preparados. Quizás, metafóricamente, mirando atrás podamos encontrar algunas de estas claves. Una posible explicación es que lo de ahora no es nuevo para nosotros. Simplemente somos herederos y prisioneros de nuestro pasado, de las señas de identidad que nos forjaron a sangre y fuego. Al fin y al cabo nuestra historia, nuestro paisaje, podría dibujarse en un lienzo donde la piratería en sus diferentes expresiones es su color dominante. Es un hecho que esta ha formado parte y parece sigue formándolo de nuestra piel más íntima. Hemos vivido pegados a ella y ahora, simplemente, la hemos acunado y cantado. Eso explicaría una parte de tanta desazón y desamparo.

Ahí están, sino, nuestras costas, pero también el interior y la montaña, llenas de hitos que nos avisaban de su amenazadora presencia, de sus razias e invasiones. No se entiende esta tierra sin tanta fortaleza para alertar de esos malvados bucaneros, gentes venidas de fuera que solo buscaban arrebatarnos tesoros y riqueza por la fuerza. Somos, al fin, tierra varias veces saqueada.

Pero debió suceder en algún momento que bajamos la guardia. Y cansados de la pelea buscamos el pacto. Los piratas dejaron de ser invasores y los elevamos a la categoría de corsarios, gentes mejor vistas con las que los gobiernos de entonces negociaban para asegurarse no ser atacados. Si lo hicieron los grandes imperios, incluido el británico, para extender todo su poder allende los mares, cómo no lo íbamos hacer nosotros. Como no podíamos vencerles pactamos con ellos el reparto del botín. Les hicimos ver que había para todos. Que esta era tierra de promisión. En ese intercambio de intereses acabamos por meterlos en nuestros ayuntamientos, en nuestras cajas de ahorros, en nuestras principales instituciones. Pensamos que ellos eran nosotros y les aceptamos como unos de los nuestros. Les pusimos a comer en nuestra mesa. Esta es, desgraciadamente, la que parece hoy una plausible explicación a lo que nos ha sucedido y nos sigue pasando. Piratas de ayer y de hoy que pasaron a ser benevolentes corsarios con todas de las de la ley. Nos confundieron y creímos que eran parte de nuestra sangre. Por eso nunca sospechamos.

Solo así se entiende que Bruselas nos acabe de conceder el dudoso honor de que la OAMI de Alicante vaya ser la sede principal del Observatorio Contra la Piratería en toda la Unión Europea. Nadie mejor que nosotros para ponerla en marcha. Nadie mejor que nosotros para hacerla grande. Han entendido de qué pasta estamos hechos, cuáles son nuestros velos y desvelos, cuáles nuestras actividades principales, cuáles nuestras ocupaciones y preocupaciones. En su retrato, los altos jerarcas europeos nos han clavado. No se van arrepentir de poner en nuestras manos tanta confianza y tanto honor. Y es seguro que tan generosa confianza les será devuelta con creces.  

Aquí, lo saben ellos y lo sabemos nosotros, hay materia suficiente para que no les falte trabajo a los ejércitos de funcionarios de este nuevo observatorio europeo que ya esperamos. Sólo con echar un vistazo a las cuentas y desvaríos de estos últimos años en la CAM, a sus artificios contables, esos que estos días nos desvelan como aceitosos goterones de incredulidad el expediente sancionador del Banco de España abierto a sus principales gestores. Con que miren sus negocios ruinosos, el saqueo de las cuentas de sus mejores clientes, ya tienen por dónde empezar a trabajar. Ahí dentro es altamente probable que encuentren piratas y corsarios como para escribir todo un serial.

Si les flojea la actividad o decae el interés pueden meter sus narices en las amistades peligrosas de Alperi, Castedo y Ortiz a cuenta del Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad de Alicante. Para filmar la escena les podemos prestar hasta el barco donde tantos festines se han celebrado en tiempos recientes. De modo que eso tampoco va a ser un problema. Tenemos hasta el decorado. ¿El pirata patapalo? No será tampoco difícil escoger entre los muchos visitantes y replicantes de la famosa embarcación. El juez Manrique Tejada de Alicante que investiga el caso les puede pasar una lista de los que estos días están pasando por su despacho para aclarar cuál era su papel en el reparto. Pero hay más. Mucho Más. El dispendio en Terra Mítica o en Ciudad de la luz, el oscuro objeto del deseo del negocio de la basura en la Vega Baja, el aeropuerto sin aviones de Castellón, la putrefacta Emarsa de Valencia, los muchos millones de euros pagados por unas Torres de Calatrava de la capital del Turia que no pasaron de unos bosquejos sobre el papel, son solo unos apuntes para que no les falte tajo.

Esta y no otra, la piratería, podría ser parte de la explicación que buscamos. Lo raro es que estando tan cerca hayamos tardado tanto tiempo en descubrirla. Seguramente es que mientras nos pasaban la película de estos años no nos dimos cuenta de que había quien conscientemente vaciaba las arcas con total impunidad. Y que, cierto, nunca supimos ver que su bandera no era la nuestra. La suya es la que siempre presidió sus actos, en tierra y en mar, la de la muerte y la codicia sin límites.

De  modo que, mira tú si no había razones para ser elegidos por la UE como avanzadilla de la lucha contra la piratería. La nuestra, además, tiene raíces y llega hasta nuestros días en pleno siglo XXI henchida de fuerza y de un poder casi intacto. En twitter @plopez58

 

 

 

 

 

Publicado: 11/02/2012

Viñeta de El Roto publicada en El País

Mariano Rajoy ha mentido. Soraya Sáenz de Santamaría ha mentido. Esteban González Pons también ha faltado a la palabra dada. Todos ellos han engañado porque prometieron una cosa y han hecho justo lo contrario de lo que dijeron. Todos ellos se cansaron de decir que en los planes del PP no entraba abaratar el despido, que lo que había que hacer era incentivar la contratación. Con unas u otras palabras fue el mensaje repetido una y otra vez en los mítines y en twitter. Ahí están las hemerotecas para corroborarlo. Una simple búsqueda en Google sirve para darse cuenta de lo poco que aguantan en pie las palabras de algunos responsables políticos.

Y la verdad es que si algo contiene la reforma laboral, se mire por donde se mire, es que el despido de trabajadores va a ser a partir de ahora para las empresas mucho más barato y más fácil que nunca lo había sido en este país desde la llegada de la democracia. En eso parecen coincidir todos los analistas, de uno y otro lado. El centro nuclear es este, el despido a precio basura. Lo demás, por mucho que intentan explicarlo los portavoces del PP, por mucho que se desgañiten intentando convencer, el resto son zarandajas, palabras huecas, discursos auto justificativos que sólo llevan a ahondar en la sima del engaño.

Pero siendo grave todo esto, es aún peor, si cabe, la apuesta de fondo y de país que encierra esta contrarreforma, esa filosofía que no está en las palabras sino en el espíritu de la norma. Y esta no parece otra que la de un país pequeñito, de empresas pequeñitas y cortoplacistas, de empresarios usureros, de trabajo basura, de trabajadores amedrentados y temerosos, amenazados, y donde la excelencia tendrá que emigrar en busca de un futuro que no van a ver aquí por ningún lado. Lo que transpira esta norma es que nos encontramos ante una reforma hecha por unos políticos cobardes, serviles y complacientes con los poderosos, incapaces de trasladar ilusión y confianza a sus ciudadanos, meros burócratas sin sentimiento, una apuesta clara por potenciar lo peor de nuestro pasado más reciente y lo que nos ha traído hasta aquí. El equilibrio tan necesario en las relaciones laborales de un país para generar confianza y complicidad se ha roto con esta reforma y lo ha hecho este Gobierno por el lado de los trabajadores. Si el decreto ley ha levantado entusiasmo en la parte más dura de la CEOE será por algo. Las palabras de su vicepresidente, Arturo Fernández, dando la mejor de las bienvenidas al parto, casi lo dicen todo.

El paisaje no mejora si miramos la fotografía de la rueda de prensa de los líderes sindicales de CC.OO y UGT, Toxo y Méndez, que ayer llevaban en portada algunos digitales. Viendo esta imagen casi no hace falta decir mucho más para explicar el momento en el que estamos como país. Su imagen era el espejo perfecto de lo que encierra esta Contrarreforma Laboral y de la derrota de la sociedad civil frente a las fuerzas del mercado que nos llevan de forma casi inexorable hacia el abismo de una sociedad dual, donde los ricos serán cada vez más ricos y los pobres más y más pobres. Así que mirándoles a ambos sobraban las palabras. Dos líderes cabizbajos, superados por la situación, casi pidiendo perdón por haberse visto en la tesitura de tener que convocar unas protestillas para el próximo día 19 y para que no se diga, cuasi convencidos de que su fuerza es ahora residual. Es la estampa de otro fracaso, el de los sindicatos, también degradados en la reforma al papel de comparsas y que no augura nada buen aunque algunos sigan brindando con champán. Eso ayuda lo suyo explicar el cuadro resultante.

Y frente a ellos nos encontramos un gobierno que se siente fuerte y legitimado por las urnas. Tanto que no le ha importado que cada una de sus grandes decisiones haya estado basada en la mentira y el engaño. Sabe que el precio que tenga que pagar por todo ello será a largo, a muy largo, plazo. Y lo han hecho así porque son sabedores también de que el engaño masivo que están protagonizando no les será exigido por una sociedad que está anestesiada y atemorizada, una sociedad que, a día de hoy, se siente también cada vez más pequeñita y con el pulso diezmado. Seguramente contaban con ello. Lo que sucede es que a los responsables de un país se les debería exigir más que gestionar el pesimismo. De eso, creo, sí son responsables. De ser ellos mismos, como su contrarreforma, unos dirigentes muy pequeñitos. En twitter @plopez58 

 

 

 

 


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