Inicio Blogs Al fondo a la izquierda ¿A quién le interesa criminalizar el 15-M?

 

Pepe López

Es periodista y trabaja en el diario Informacion

 

sobre este blog

Los hechos y la actualidad diaria nos desbordan y nos dejan perplejos, nos asustan, tanto que, a veces, parecemos náufragos de esperanza y sin saber qué hacer ni para dónde mirar. Esta ventana virtual pretende ser un pequeño punto de anclaje en ese infinito paisaje digital, el lugar desde donde uno mira y analiza algunas de estas situaciones, una invitación explícita a la ironía, al diálogo y a la crítica

 

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Al fondo a la izquierda

 

Publicado: 17/06/2011

Un instante de la protesta en los alrededores del Parlamento catalán el pasado miércoles. EFE

¿A quién interesa que prenda la idea de que violencia y Movimiento 15-M son la misma cosa? ¿A quién interesa criminalizar la protesta pacífica de miles y miles de jóvenes (y otros no tanto) en las plazas de media España? A algunos parece que bastante. Son los que llevaban tiempo esperando el momento de actuar. No hay que ser un analista muy fino para ver que entre los más inclinados a la criminalización del fenómeno están muchos de los que hipócritamente aguantaron la respiración durante los días previos al 22-M por miedo a las posibles consecuencias electorales que el movimiento pudiera tener para ellos. Son los mismos que nada más abrirse las urnas empezaron a cambiar el discurso y pasaron de la comprensión paternalista inicial a la exigencia de mano dura contra esos campamentos de indignados por su tardanza en hacer las maletas, esos que empezaron a desprestigiar el movimiento hablando de cuatro perroflautas, aquellos que los tacharon de anti-sistema antes incluso de que durante semanas hubiera el mínimo gesto violento en las cientos de manifestaciones, concentraciones y campamentos de todo el país. Ha sido así o, la verdad, se parece bastante.

Por eso las escenas de violencia que tuvieron lugar en Barcelona en los alrededores del Parlamento durante el pleno de presupuestos y recortes sociales del miércoles último fue la razón y, al tiempo, la excusa perfecta para abonar la tesis que algunos parecían esperar sobre manera. Las declaraciones oportunistas y en caliente de Esperanza Aguirre en la Asamblea de Madrid («es un movimiento totalitario», vino a decir) lo certifican. Como lo fueron las primeras manifestaciones del presidente catalán, Artur Mas, acusando de forma nada matizada al 15-M de haber traspasado la línea roja, y, al día siguiente, tacharlos de ser pura y simple kale borroka. Preocupa el trazo grueso de estas críticas, sin distinguir entre quienes protagonizaron los condenables incidentes y el conjunto del 15-M, con una intención nada inocente de mezclarlo todo. Parece que había prisa en enterrar el movimiento. Poco importó que portavoces del propio 15-M se desligaran esa misma tarde de estos lamentables acontecimientos.

Pero si preocupa el análisis de trazo grueso entre los que estaban esperando la chispa que les diera la razón a su prejuicio original, lo que llama la atención es la poca visión lateral y crítica de otros partidos y grupos más a la izquierda social, y que al calor de las imágenes se sumaron sin rechistar a las tesis más duras dando por hecho que aquellos hechos lamentables eran lo mismo que el 15-M. Ha sido esta una visión demasiado miope y mal compadecida con la realidad misma.

El tratamiento de la información en las portadas de los periódicos de papel de tirada nacional del día siguiente era sospechosamente tan unánime como lamentable. Clase política en general y medios de comunicación parecían hacer piña en la defensa de una mirada que explica por sí misma algunas de las razones de la honda fosa que los separa de los jóvenes lectores y de los jóvenes ciudadanos. Los políticos parecían defender y defenderse como clase privilegiada y los medios apenas aportaban una visión que ayudara a entender los matices de un movimiento que es diverso en su origen y que no funciona con los cánones partidarios tradicionales y que está buscando su camino. Pero eso no parecía importar. Lo importante era la generalización, la condena sin matices.

Sólo alguna pequeña colaboraciones en paginas interiores de alguno de estos diarios entraron a preguntarse si era justa aquella correlación 15-M=violencia, si en todo lo sucedido no cabían claroscuros, si se podía hablar de infiltrados interesados en reventar el origen pacifista del propio movimiento (http://www.youtube.com/watch?v=gL7QbfIU5IA). En fin, todas esas preguntas tan necesarias que todos nos deberíamos hacer y que los periodistas estamos obligados a plantearnos antes de la condena pura y dura y de trazo grueso a la que es tan fácil rendirse.

A alguien debía preocuparle que los jóvenes (y no tan jóvenes) no distingan entre PP y PSOE (el famoso ¡no nos representan!) y que, a veces, incluye a otros minoritarios. La violencia no puede ser en ningún caso el camino, pero la unanimidad entre la clase política de uno y otro lado del espectro ideológico a la hora de analizar el fenómeno, la casi unanimidad de los tertulianos y medios de comunicación de uno y otro lado a la hora de condenar sin matices y por elevación a todo el movimento, es preocupante y quizás apunta a la raíz misma del problema.

Parecería que aquí también cabe hablar de un periodismo viejo que no acaba de entender que la indignación compartida por la mayoría de la población (ahí están las encuestas para echarles un vistazo) tiene causas muy profundas, que no se explican ni se basta sólo con las razones y las soluciones que servían hace 30 años y que hoy han quedado también viejas. No entenderlo así puede ser la razón de que la violencia acabe adueñándose, ahora así, de un movimiento que ha tenido a gala su pacifismo y que en su ADN está la no violencia. Si la respuesta son solo palos al 15-M como abiertamente parecen pedir algunos (Aguirre y Mas dixit), renunciando a negociar puntos de encuentro, a tender puentes, la consecuencia puede ser sólo más violencia. Algunos es lo que parecen buscar. Una mirada inteligente sería ojear la historia para aprender de ella y no esperar tranquilamente a que se repitan sus capítulos más negros. La elección y la responsabilidad del camino no sólo es del 15-M, también de los políticos y líderes de opinión. La frustración acumulada parece demasiado grande para tratar de acallarla sólo con antidisturbios. plopez@epi.es

 

 

 

 

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